Sant Miquel de Batea



Es un edificio de sillares, de grandes proporciones (769 m2 interiores x 1.276 m2 exteriores), con planta de cruz latina con crucero, cúpula y cimborrio. El interior tiene tres naves con columnas cuadradas y todo tipo de cornisas, entablamentos, vueltas, etc. propias del barroco. Hay un altar al Santísimo añadido junto al presbiterio.

El campanario está al lado del evangelio: tiene planta cuadrada hasta el nivel de la fachada donde se hace octogonal con aberturas alargadas y balaustrada superior.

Las fachadas laterales y la posterior son planas, con pequeñas aberturas. En las primeras se aprecian los contrafuertes por la parte superior, que luego quedan en el interior. La fachada principal es el mejor del conjunto: dividida verticalmente en tres partes mediante medias pilastras toscanas, cada una de las cuales tiene una portada. La mayor es la central, todas ellas típicamente barrocas y sobre todo la central, de capiteles corintios, columnas salomónicas, etc. Por encima de ella hay un óculo.

Un entablamento sirve de base para coronar la fachada por medio de un frontón triangular moldurado. Las cubiertas son de teja árabe.

El lugar sobre el que se alza esta iglesia era el mismo donde estaba el anterior, gótica, que ocupaba la parte posterior, como todavía se puede ver en los sillares del ábside y del exterior, por el lado de la epístola donde había, también, el antiguo cementerio. Las marcas de los canteros aparecen constantemente.

Hay restos de sillares con dibujos goticizantes provenientes de la anterior iglesia se encuentran en casas vecinas, los paramentos, reutilizados.

Es impresionante la gran imagen de San Miguel que hay en la fachada. al cerrarse el frontón.

En una casa de la calle Mayor, núm. 36, hay empotradas en la pared dos piedras -con la Virgen y Jesús a una de ellas y una figura y dibujos a la otra- que parecen proceder de la anterior iglesia gótica. Esta vivienda fue residencia de un abad.


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